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Estos debates entre artistas y científicos pretenden demostrar que la ciencia también puede aprender del arte, ya que los científicos pueden empezar a pensar de forma diferente y pensar de forma diferente no siempre es abordar una cuestión de forma metodológica.

Del uso creativo de le genética al concepto de arte transgénico 
POR IÑIGO SARRIUGARTE GÓMEZ

Desde que se ha implantado el uso masivo y cada vez más incipiente de los cultivos transgénicos en el mundo, el arte se ha lanzado a su estudio y observación, inmiscuyéndose en su complejo entramado con la creación de varias propuestas artísticas, lo que nuevamente ha sacado a la luz el debate sobre al uso de la transgénesis.

1-Estado de la cuestión:
Uno de los centros que más tiempo lleva analizando y profundizando en la relación arte-ciencia es el Wellcome Trust , donde se abordan aquellas propuestas que exploran la belleza de los descubrimientos científicos. Esta institución británica se establece en 1936 gracias a las aportaciones millonarias del magnate farmaceútico Henry Wellcome. En la actualidad, emplea más de 400 millones de libras esterlinas al año para la investigación biomédica en el campo de la enfermedad y la salud, lo que suele derivar en importantes resultados médicos. Igualmente, ha realizado grandes avances respecto al genoma humano y las terapias de comportamiento cognitivo para los desordenes psicológicos. Dentro de este espacio, se han organizado diferentes encuentros entre artistas, médicos y científicos, buscando aquellos nexos que relacionen todos estos campos. En definitiva, una apuesta que enlaza perfectamente con el pensamiento del filósofo Antonio Banfi al afirmar que el arte y la ciencia, como descubridores de la realidad en beneficio de una vida más intensa y una acción más eficaz del hombre, se liberan del símbolo y el mito, adquiriendo sentido y valor humanos.  Estos debates entre artistas y científicos pretenden demostrar que la ciencia también puede aprender del arte, ya que los científicos pueden empezar a pensar de forma diferente y pensar de forma diferente no siempre es abordar una cuestión de forma metodológica. En este sentido, para Gillo Dorfles, el término mismo de creatividad, hoy tan utilizado, suele aplicarse no sólo al arte sino también a la ciencia. Disponemos ya de suficientes testimonios de hombres de ciencia y artistas que demuestran la identidad del fenómeno creativo sobre el que se basan unas y otras disciplinas. Sólo que el mismo debe someterse a un proceso de racionalización, más o menos incompleto en el caso de las artes, y más completo en el de las ciencias &. 

Esta colaboración anterior pretende hacer llegar a la sociedad el conocimiento de la ciencia en lugares en donde hasta ahora no se había podido entrar. Ya se sabe que hay artistas que recrean retratos mediante la visión por microcospio electrónico de las enzimas de las personas o mediante imágenes de resonancia magnética del cerebro de una persona o a través de un análisis de ADN de la sangre de la persona. En definitiva, toda una serie de trabajos que recaban ciertas ideas sobre la reducción del ser humano a su mínima esencialidad biológica, es decir, a sus genes. Se ha pasado de la constitución anatómica general, a sus tejidos y órganos y actualmente, al uso de un retrato a base de los códigos genéticos del propio individuo .

Este tipo de trabajos están planteando cuestiones sobre el control y la propiedad del cuerpo, desde que el científico John Moore patentó su línea celular, lo que ha conllevado la creación de los Derechos de Autor sobre el Código Genético.

2-La última aventura creativa: el arte transgénico:
El arte siempre ha sido un foco de debate, reflexión y a su vez de escándalo y provocación. En este sentido, el tema a tratar en este artículo se encuentra actualmente en el candelero de los debates más acalorados, siendo un episodio más de ciertas experimentaciones, que nos siguen sorprendiendo y que lógicamente requieren una toma de posición reflexiva. No seré yo el que se adentre en esta diatriba posicional, ya que mi propósito es mostrar lo más objetivamente posible una realidad cada vez más cercana y familiar, y a partir de aquí motivar una reflexión en el lector. Entre los casos más encendidos, se encuentra la muestra celebrada en 1998, en el Museo Estatal del Trabajo y la Tecnología en Manheim (Alemania), convertida hoy en día en una itinerante y modelo de otros proyectos similares. En esta ciudad alemana, se presentó una exposición totalmente chocante, que para muchos fue una clara apuesta por el mal gusto y la falta de la más mínima condición de valores éticos. La exposición en cuestión fue Korperwelten  ( El mundo del cuerpo humano ), donde se expusieron 200 partes corporales y figuras de tamaño natural, es decir, partes y cuerpos enteros de cadáveres humanos. El trabajo fue preparado por el artista, médico y profesor de Anatomía en la Universidad de Heidelberg: Gunther Von Hagens, quien conservó y preparó los cuerpos y las secciones anatómicas mediante procesos de plastinación, lo que permitía dar mayor firmeza a los tejidos y órganos corporales, con el objetivo de ser expuestos de un modo seguro.

Por otra parte, también han sido sonadas las acciones relacionadas con el body art de la artista Orlan al manipular su propio cuerpo, sometiéndose a varias operaciones de cirugía estética en las galerías de arte, con el propósito de adaptar sus rasgos y hacer que se parezcan a los de personajes históricos y míticos. Se trata de propuestas donde se cuestionan los límites de las fronteras corporales y evidentemente los límites éticos de la ciencia. Son numerosos los ejemplos de aportaciones artísticas, que han requerido un posicionamiento ético, moral, religioso o ideológico, tal y como está ocurriendo actualmente con el arte transgénico , una nueva forma de arte basada en el uso de las técnicas de ingeniería genética con el objetivo de transferir material de una especie a otra y crear de esta manera singulares organismos vivientes con genes sintéticos.

La genética molecular permite al artista construir el genoma de la planta y del animal con el fin de crear nuevas formas de vida. En definitiva, un nueva actitud artística que genera una nueva relación entre el artista, el público y el organismo transgénico. De hecho, como bien afirma Jorge Wagensberg, el arte es una forma de conocimiento, porque pretende hacer imágenes de acontecimientos del mundo; además de ser un forma que acepta tratar una complejidad  , así que mediante la implantación de genes artificiales en el genoma de una especia determinada, el artista puede exponer o vender todo tipo de propuestas, que pueden ser cultivadas en el jardín o criadas como animales domésticos.

La intencionalidad de esta nueva modalidad artística resulta muy diversa, pero ciertamente ha sacado a la palestra la necesidad de generar un profundo y serio debate sobre el uso de la alteración genética, a la cual ya se han posicionado contrariamente los grupos ecologistas y cristianos del mundo. Ante esta situación, varios artistas, entre ellos especialmente el brasileño Eduardo Kac, han planteado una férrea defensa de su trabajo transgénico al proponer que ante la desaparición paulatina de especies animales, tanto los científicos como los artistas contribuyan a incrementar la biodiversidad global, aportando nuevas formas de vida.

Ante estas nuevas propuestas bio-artísticas, las cuestiones éticas y religiosas adquieren una dimensión extraordinaria, ya que un ser vivo es alterado genéticamente, convirtiéndose directamente en obra de arte, aunque esto último no es nada nuevo, ya que el arte povera en los años 70 dio el asentamiento definitivo a este tipo de aventuras, pero con el arte transgénico se va más allá al intervenir sobre un ser vivo en base a alteraciones genéticas. Ahora, ciertamente el artista se convierte en un programador genético, capaz de crear formas de vida al alterar este código.

Resulta una realidad, guste o no, la existencia de cosechas transgenéticas, las cuales empiezan a formar parte fundamental de nuestro paisaje agrícola. De hecho, desde 1995, se han plantado sistemáticamente semillas de soja, patatas, maíz, calabaza y algodón alterados genéticamente. Incluso, ya se han planteado los planticuerpos , es decir, genes humanos transplantados al maíz, a la soja, al tabaco y otras plantas para producir acres de anticuerpos con calidad farmaceútica. Toda una arriesgada aventura que no esconde una alta dosis de peligrosidad y de futuro incierto para la humanidad por sus consecuencias o efectos secundarios.

Este tipo de apuestas científicas están en clara relación con la Declaración Transhumanista  del Extropy Institute , donde se aboga por trasladar el término de humanismo más allá, al desafiar los límites humanos por medio de la ciencia y la tecnología, combinadas con el pensamiento crítico y creativo. Este posthumanismo considera el desarrollo tecnológico como algo central dentro de la evolución inevitable de lo humano.

Los principios de Extropy Institute toman forma a partir de los años 80, apoyando todo tipo de iniciativas que generen aperturas de las capacidades humanas. Esta organización ha planteado exportar principios, valores o perspectivas que relancen nuevos ideales activos de vida. De hecho, son muy conocidos sus encuentros entre pensadores independientes que comparten la necesidad de exportar nuevas cuestiones a la ciencia y a la sociedad. Uno de sus máximos exponentes ha sido Hans Moravec (1948), profesor e investigador del Robotics Institute (Carnegie Mellon) of Carnegie Mellon University, muy conocido por sus trabajos en robótica, inteligencia artificial y predicciones respecto al transhumanismo.

3-Creadores del arte genético al transgenético:
Se han recogido varias colectivas que han ido mostrando este tipo de aportaciones creativas, como la realizada en Nueva York en la Galería Exit Art  en el año 2000 bajo el título de Paradise Now . La exposición agrupó el trabajo de 39 artistas internacionales, que aportaron numerosas propuestas de carácter genético, demostrando que las implicaciones de la investigación genética conllevan importantes aportaciones y aplicaciones de la biotecnología y la biomedicina, además de sus correspondientes derivaciones hacia el discurso artístico, lo que demuestra que son numerosos los artistas que se han embarcado en el uso de las posibilidades genéticas como base de su comportamiento artístico. Este es el caso del artista británico Neil White, cuya obra se basa en relaciones físicas, personales y sociales implicadas dentro del marco de la ciencia y la tecnología; para ello, utiliza marcadores genéticos, que se convierten en una obra de arte. Se trata de una propuesta enfocada en la noción de herencia como forma visible a la vez que se descubren aspectos de la genética y la manera en que la gente se relaciona.

Por otra parte, Kevin Clark emplea muestras de ADN, obtenidas a partir de la sangre de sus modelos, con el fin de realizar retratos. Nancy Burson utiliza el "race machine", un método que permite al espectador alinear su rostro con una plantilla que te traspasa fisonómicamente a otra raza. Susan Anker explora la imaginería genética con representaciones de cromosomas, moléculas y secuencias de ADN. Igualmente, colecciona códigos de barra de identificación por ADN, siendo ampliados y decorados con bocetos de cuerpos humanos. La artista norteamericana Catherine Wagner emplea los media para parafrasear cuestiones referentes a su persona mediante aspectos genéticos. Por ejemplo, Karl Mihail and Tran T Kim Trang son dos creadores de Los Angeles y fundadores del Gene Genies Worldwide©, espacio donde se tratan aspectos relacionados con la modificación y los descubrimientos genéticos. Susan Rankaitis es otra creadora de Los Angeles con un trabajo basado desde principios de los años 90 en propuestas abstractas centradas en códigos y estructuras genéticas, que funcionan a modo de metáforas físicas y metafísicas. Igualmente, Gail Wight, artista conceptual interdisciplinario, que vive y trabaja en California, parte de instalaciones multimedia y medios electrónicos, con el propósito de abordar aspectos críticos de la ingeniería genética y la biotecnología.

En muchos de estos trabajos anteriores, se plantea la capacidad de transformar toda la composición del genoma del organismo cultural a través de la composición genética, de ahí, que numerosos críticos estén empleando la etiqueta de arte genético  para agrupar todas estas experiencias, siendo la primera referencia recogida de este término la del artista y escritor George Gessert en 1993.

Especialmente, destaca el artista hispano-colombiano Iñigo Manglano-Ovalle, establecido en los Estados Unidos, quien emplea el ADN como base de su trabajo en proyectos de colaboración con genetistas, bioéticos y representantes de la industria de la tecnología genética. Por ejemplo, a finales de los años 90, realiza una serie de retratos genómicos, basados en una colección de 48 reproducciones de ADN, que exploran la genética y las representaciones de la identidad individual, poniendo en la calle el debate de cómo la sociedad todavía sigue planteando cuestiones relacionadas con los viejos problemas de la discriminación racial y de clases. Los retratos del ADN a pesar de ser de personas individuales, al verlos juntos se convierten en anónimas y abstractas.

Para este proyecto, Manglano-Ovalle parte de las pinturas de casta españolas, obras del siglo XVIII, que representan la superioridad del colonizador español sobre las razas del Nuevo Mundo. El artista realiza dieciséis trípticos, pero no con tres figuras, sino con el ADN de tres individuos, planteando de este modo la desaparición del cuerpo. Para la elaboración de este proyecto, el artista invitó a una serie de personas para que dieran su propio ADN, siendo enviado este material al laboratorio de genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest en Winston-Salem, Carolina del Norte, con el propósito de que se hicieran reproducciones del ADN. Estas reproducciones fueron ampliadas a tamaño natural en paneles que mostraban un espectro de carácter individual con la exposición del código invisible que hay bajo la piel. Igualmente, esta propuesta generó un debate en torno a los usos sociales de la identificación del ADN; por otra parte, al ser donado el ADN como material artístico, también se cuestionó quien sería el dueño del material genético de estos donantes.

El artista colombiano, residente en México, Daniel Rivera presenta en 1998 la instalación The Garden of Delights  (El Jardín de las Delicias), un proyecto de arte transgénico basado en el pasto. Tomando como referencia la obra de El Bosco, la propuesta recorre paisajes generados por la biología molecular, a la vez que muestra un dispositivo que reconstruye ciudades, donde aparecen futuros jardines públicos, de origen transgénico, lo que supondría la recuperación de numerosas fragancias florales. En definitiva, se trata de mostrar lo que podrían ser los futuros jardines, tecnológica y científicamente controlados y artísticamente diseñados. Se pretende redefinir la noción de jardín y actualizar los parámetros de relación entre el humano y las especies vegetales involucradas en la ornamentación. Por otra parte, otras de sus propuestas han intentado cuestionar las tecnologías médicas, tal y como ocurre en Banks in Pink and Blue  de 1999.

Resulta muy relevante, dentro de esta misma línea del arte transgénico, los trabajos del artista brasileño Eduardo Kac, quien ha expuesto en el OK Centro de Arte Contemporáneo en Linz, Austria (OK CAC) y Centro de Inter Comunicación en Tokio, Japón (ICC), entre otros espacios.

Durante el año 2000, toma parte en un proyecto ciertamente polémico, para el cual colabora asiduamente con tres especialistas del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), en Jouy-en-Josas, Francia: el taxonómo zoológico Louis Bec y los científicos Louis-Marie Houdebine y Patrick Prunnet. Su proyecto transgénico denominado "GFP Bunny" plantea la creación de un conejo verde fluorescente, así como el debate público generado por el propio proyecto, y la consiguiente integración social del animal doméstico.

Su propuesta dio como resultado el nacimiento de "Alba", un conejo de laboratorio, al cual se le introduce una mutación sintética del gen de una medusa, que produce una proteína verde fluorescente. El aspecto de Alba  es absolutamente normal, pero cuando se expone a una luz azul con un nivel de 488 nanómetros, entonces su piel emite un resplandor verdoso, siendo este mismo el efecto que va a querer lograr con su proyecto GFP K-9 , donde esta vez se intentará intervenir en un perro con la administración de la misma proteína de la medusa. Esta implantación se había comprobado de manera científica que resultaba totalmente inofensiva, habiéndose probado anteriormente en células de mamíferos, insectos y plantas. También, se han empleado otras variantes de la anterior proteína como la GFPuv, siendo 18 veces más luminosa.

El anuncio de su creación generó un fuerte debate público con una contundente respuesta por parte de ecologistas y activistas por los derechos animales, así como por grupos religiosos, quienes rechazaron todo tipo de experimentación gestionada por la inserción de genes de una especie a otra. Eduardo Kac se ha defendido afirmando que los seres humanos poseen secuencias de diferentes virus, adquiridas durante el largo proceso de evolución, siendo esta la prueba que tenemos en el cuerpo DNA de otros organismos, lo que significa que también somos de alguna forma transgénicos. Igualmente, ha defendido su postura artística, anotando que durante siglos el hombre ha cruzado diferentes razas de perros, buscando ciertas características estéticas.

También, en la instalación Jugada 36  de (2004), Eduardo Kac recrea la derrota del campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov frente a la computadora Deep Blue. En la casilla de la jugada decisiva, el artista colocó una planta transgénica.

La cuestión de la transgénesis empieza a resultar una parte fundamental en nuestras sociedades tecnologizadas, especialmente en lo referente a aplicaciones alimentarias y médicas, lo que ha generado que la ingeniería genética empiece a ser tomada en cuenta por diferentes artistas, quienes lógicamente comienzan a interesarse en la aplicación de técnicas de ingeniería genética, con el propósito de transferir genes sintéticos a un organismo o material genético natural de una especie a otra, con el propósito de impulsar organismos vivientes y singulares en su forma o color corporal. Por este motivo, en un futuro próximo, tendremos la posibilidad de comprar obras de arte transgénicas, que pueden ser perfectamente cultivadas en nuestros jardines o incluso animales alterados genéticamente. Esto no se trata de una cortina de humo futurista, ya que desde 1980 la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos (PTO) ha otorgado varias patentes de animales transgénicos, entre otras, patentes de ratones y conejos transgénicos.

Todo organismo vivo tiene un código genético que puede ser manipulado y el ADN recombinado puede pasar a las siguientes generaciones. No obstante, es cierto que desde un punto de vista científico como artístico se están planteando manipulaciones que van en contra de la evolución normal de la naturaleza, siendo extrañas y contra natura. Actualmente, nos empezamos a adentrar en recreaciones casi fantásticas , como plantimales (plantas con material genético de animales o animales con material genético de plantas) y animanos (animales con material genético humano o humanos con material genético de animales).

4-Conclusión:
El arte ha ayudado a sacar a la luz un debate de tintes actuales, pero con fuertes proyecciones de incremento futurista, ya que surge la duda y especialmente una seria preocupación hasta que punto nuestro planeta no será poblado masivamente por cultivos transgénicos, formando parte predominante del paisaje, así como por organismos transgénicos, que puedan ocupar todas las granjas e incluso la creación de animales de compañía transgénicos, que pasen a ser parte de nuestro hogar.

 
 
 
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