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Sinceramente, Art Basel nos pareció fantástica, pero salimos mareados. Había tanta información, que es difícil observar a la vez muchas obras que van colmando los sentimientos con tanta intensidad

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Horacio y Dinorah Campolieto:
Ejemplo de los nuevos conocedores
POR MABEL RODRÍGUEZ
Con el advenimiento del Internet y sus abarcadores y profundos efectos, el coleccionismo de obras de arte – como casi todo lo demás – ha experimentado una verdadera transformación. Previamente, el coleccionismo requería intensa investigación, conocimiento maduro basado en experiencias amasadas a lo largo de años, asesoramiento de personas poseedoras de conocimientos especiales, contactos que se guardaban celosamente, entre otros elementos, que aparte del costo de las obras mismas, hacían del coleccionismo una actividad propia de una elite.
Hoy, el aura de exclusividad que rodeaba a las mejores colecciones, se esfumó. Aunque los costos de las obras mantienen el coleccionismo a un nivel asequible a las clases sociales más alta, los demás elementos que dificultaban esta actividad han desaparecido. Crear una colección admirable no es una labor de unos pocos con recursos excepcionales, sino de muchas personas que adquieren obras por una amplia variedad de razones.
Para crear tal colección basta educarse concienzudamente a través de la lectura, contar con la asesoría apropiada, familiarizarse (personal o virtualmente) con un buen número de artistas, bienales, colecciones privadas abiertas al público, museos y ferias y visitar por lo menos algunos de estos. Todo esto puede lograrse en un período relativamente corto. Unido a un presupuesto generoso, ésta es la fórmula para comenzar a hacer adquisiciones acertadas.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #13 DE ARTPREMIUM.
PÁGINAS 80-84
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