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Sí, así es siempre porque uno está vivo cuando está despierto y cuando está dormido está soñando, que es otra forma de vivir.

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Memorias del fuego
POR DANIELA RUSOWSKY
Antonio Martorell es un artista puertorriqueño que se destaca por su carácter polifacético y por poseer una conciencia histórica profunda. Su evolución en el mundo de las artes es recogida en la aventura de la creación una publicación de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. Su trayecto como artista queda entrelazado a sus vivencias para dotar al lector con un legado de este perspicaz artista puertorriqueño.
Martorell determina que sus instancias creativas en efecto, son intemporales destacando que, Sí, así es siempre porque uno está vivo cuando está despierto y cuando está dormido está soñando, que es otra forma de vivir. En ambos casos uno se alimenta a veces de los sueños, pesadillas o de la realidad que puede ser a veces ensoñada y divina y, a veces, puede ser endiabladamente pesadillesca .
El espacio que fue su hogar por alrededor de veinte años en Cayey cedió al empeño vándalo de las llamas del fuego justo cuando Martorell arribó de regreso a Puerto Rico a finales de noviembre de 2006. Artefactos de uso personal, utensilios artísticos, obras de arte, objetos bastante antiguos, materiales para la confección de ideas creativas, o sea, todo cuanto había dentro del perímetro que comprendía su techo, fue transformado por el fuego en cenizas o en artilugios espontáneos casi irreconocibles.
El fuego, claramente, no comprende en sí una minúscula palabra. Lleva consigo una multiplicidad de significados que a la hora misma de ponderar en torno a su definición se escurre como arena entre los dedos. Va desde la destrucción masiva como lo fue el fuego que echó a perder la Biblioteca de Alejandría, hasta la epidemia medieval del fuego de San Marcial, al fuego cruzado de ideas o de balas o, simplemente, como indica el diccionario, el ardor que excitan algunas pasiones del ánimo; como el amor, la ira, etc.
Martorell, como el autoproclamado optimista que es, no cedió ante lo que de ordinario resulta una tragedia, sino que de estas llamas nació un ardor de ánimo creativo. Dentro del dolor y la pérdida, nace y se revuelca el ingenio creador que abrió paso para el renacimiento y la reubicación de los objetos chamuscados. La instalación, Martorell: DF (DF son las siglas para después del fuego) en el Museo de las Américas abre un espacio para la recreación de lo que Martorell reavivó mediante su perspicacia para salir victorioso de una potencial desgracia. La labor del artista para la creación de sus magnánimas instalaciones cuenta con el incasable desempeño de Humberto Figueroa, curador y diseñador, Javier Santos Pérez, realizador de las obras tridimensionales; y Juan Fernandos Morales, diseñador de luz y coordinador del equipo de trabajo.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #20 DE ARTPREMIUM.
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