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"Andrés conoció desde niño el respeto, el amor, la devoción y el espíritu de lucha por todo lo que representa la esencia de Puerto Rico. Cuando incursionó en el mercado del arte, se dio cuenta de que no se respetaba el arte puertorriqueño

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Andrés Marrero... una esencia que trasciende la vida y la muerte.
POR JOAN MICHELLE MENDEZ VIDOT
La colección de arte del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la Cooperativa de Seguros Múltiples, Triple S, Pfizer Puerto Rico y el Hotel Ritz Carlton, son algunos de los resultados de la integración entre el profesionalismo y la pasión del señor Andrés Marrero. El gusto depurado por las artes y la honestidad intelectual llevaron Marrero a crear una ambiciosa propuesta educativa, galerística y cultural fundamentada en lo más que él respetaba y amaba... el arte puertorriqueño.
Considerado por muchos como el defensor de las artes en Puerto Rico, Marrero dedicó toda su vida al incremento de una gran reserva de pintura nacional que traspasa la distancia y las generaciones. Estas pinturas, que hoy se encuentran localizadas en la
Galería Prinardi, (ubicada en el hotel Normandie, en Puerta de Tierra), es el legado que este apasionado galerista nos ha dejado en vida.
Art Premium dialoga en exclusiva Judith Nieves Lacomba (actual directora de la Galería), y quien tiene en sus manos la misión de seguir el camino de la divulgación, educación, jerarquía y respeto hacia las obras de arte en Puerto Rico; pues esa era la filosofía galerística de quien falleciera el pasado 16 de agosto.
"Andrés conoció desde niño el respeto, el amor, la devoción y el espíritu de lucha por todo lo que representa la esencia de Puerto Rico. Cuando incursionó en el mercado del arte, se dio cuenta de que no se respetaba el arte puertorriqueño. Y como él tenía un espíritu combatiente, trabajó para que el arte nacional se conociera y se respetara. El luchó por la jerarquización del arte puertorriqueño", comenta Nieves, esposa de quien en vida fuera el Director de Galerías Prinardi.
La génesis de la justicia de las artes plásticas en Puerto Rico comenzó en el año 1980, cuando Marrero, a través de los conocimientos artísticos fundamentados en experiencias aprendidas mediante los grandes maestros de la pintura en Puerto Rico (como Rafael Tufiño, Félix Rodríguez Báez, Carlos Osorio, entre otros), sus viajes a la República Dominicana y los Estados Unidos, sus visitas a instituciones culturales y museos en el exterior, entre otras vivencias, se dio cuenta de que el arte puertorriqueño podía estar a la altura del buen arte en cualquier lugar de Latinoamérica.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #20 DE ARTPREMIUM.
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