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Un repaso de las páginas de la edición de Dover de los cuadernos anatómicos de Leonardo revela dramáticos parecidos entre las ilustraciones del famoso florentino y las ilustraciones anatómicas de Basquiat que, no obstante ser prolijas y de estar acompañadas de texto, desafían la voluntad científica y se burlan del discurso fisionómico que intentó fijar el cuerpo como espacio del tirijala del poder.

Aires de Familia - La obra de Basquiat en el contexto de la Historia del Arte

POR IVETTE FRED PH.D. Y LILLIANA RAMOS COLLADO PH. D.

Sin duda, la figura y la obra de Jean Michel Basquiat pueden considerarse emblemáticas del mundo del arte en la década de 1980, con su mercado inmisericorde que cortejó y aniquiló poco después a esta fulgurante estrella que saltó desde el anónimo del graffiti a la apoteosis de las galerías y museos más respetados en las principales capitales del arte mundial. Impulsado por el mantra bipartito de fama y dinero , oscilando vertiginosamente entre delirios de grandeza y una timidez patológica, entre una avidez de vivir y constantes impulsos autodestructivos, este artista murió a la temprana edad de 27 años de una sobredosis de drogas. A pesar de su ingente producción, la rapidez de su desarrollo nos señala que Basquiat abandonó este mundo mucho antes de alcanzar su primera madurez.

En este brevísimo portrait of the artist as a young man podemos ya anticipar el mito que le sienta a Basquiat: una vida veloz apurada hasta las heces, una fama súbita y extrema, una muerte precoz y a destiempo forman la silueta del héroe joven fraguada por los románticos. Incomprendido, poseedor de un genio espontáneo e inédito, dotado de una personalidad ensimismada, impredecible e irritable, Basquiat y su larga fila de ancestros, todos ellos héroes del tipo de Percy Shelley y Arthur Rimbaud  lanzó al mundo obras voluntariosas, con el pigmento todavía húmedo y una composición a medio masticar. Como cada uno de los jóvenes románticos que vivieron urgente y personalmente las desventuras  del joven Werther, Basquiat arrojó su vida y dejó atrás una espléndida obra dispersa e inconclusa.

Basquiat entra en escena en las postrimerías del Pop, ya superado el minimalismo que había matado con su frialdad conceptual el entusiasmo del público ante los objetos de la creación artística. Basquiat, con su retorno al figurativismo como principio expresivo, y a la pintura como tecnología pictórica de preferencia, se instala en un nuevo movimiento que recuerda la violencia emotiva del Expresionismo Abstracto y que adecuadamente vino a llamarse Neo-expresionismo. Este retorno a la pintura figurativa abre de par en par el apetito feroz del mercado del arte, que vuelve por sus fueros a establecer su star system basado en la mercadeabilidad de obras únicas que pueden poseerse e intercambiarse sin mayor miramiento y sin care and maintenance instructions. Con el retorno de la obra única, el arte se volvió objeto de febril especulación e inversión financiera, en activo económico cuyo valor ya elevado a un plano místico más allá del papel moneda, según lo describe Georg Simmel en su famosa Filosofía del dinero sorprendió a los artistas mismos, que se sintieron convocados, como las estrellas del rock n roll, a una riqueza de ensueño.

Este delirio financiero tuvo sus consecuencias. Primero que nada, una presión constante e indebida sobre los artistas de moda para aumentar su producción y satisfacer la demanda de un mercado insaciable; la salida a la calle de obras casi inconclusas y sin el padrinazgo de la mirada crítica del propio artista; el surgimiento de un mercado secundario que empujó los precios de tal modo que las obras se volvieron incosteables para los museos y otros espacios públicos para el arte; el desarrollo de un coleccionismo privado patológico y adictivo, con frecuencia irracional y acrítico  que sepultó muchas de las obras en las lujosas mansiones de estos nuevos ricos y lejos de los ojos del público; y la debilitación de la voluntad creadora del artista al exponerle constantemente a la tentación de obedecer la demanda del momento y no de crear una oferta nueva y visionaria.

Importante para comprender este período tan desconcertante en la historia del arte contemporáneo es la expansión brutal del público de la cultura gracias al culto de las celebridades. El Pop Art ya había maniobrado una expansión significativa del público del arte al emborronar las barreras entre el arte culto y el arte popular, y al inyectarle glamour a sus escándalos . Esta importante borradura, que Arthur Danto llamó aptamente the transfiguration of the commonplace , progresó de tal modo que se comenzó a manifestar en el constante trasvasamiento entre las artes y en la cohabitación productiva entre la música, el teatro, el cine y las artes plásticas. Como ocurrió en el siglo XVIII con los cafés como centros del quehacer cultural, en las grandes capitales y a finales del siglo XX, los clubes musicales se volvieron efervescentes espacios de intercambio entre artistas. Locales nocturnos como el Palladium, el Mudd Club y el Club 57 fueron caldo de cultivo y nido de polinización cruzada entre artistas emergentes y artistas consagrados, entre viejos ricos y nuevos ricos que allí comenzaron a practicar con embriaguez shamánica el sacro rito de la compraventa que caracterizó a la década de 1980.

PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #16 DE ARTPREMIUM. PÁGINAS 80-84

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