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Los desnudos de Ingres rechazan posturas anatómicamente precisas en beneficio de actitudes dictadas únicamente por la belleza plástica o por el d inamismo de la composición.

Pinned-up: La beldad desnuda en Ingres, Bellmer y Sherman
POR LILLIANA RAMOS COLLADO PH. D.

A finales de mayo, las autoras visitaron varias exposiciones importantes en París como corresponsales de ArtPremium. La riqueza y variedad del replanteamiento de artistas de la envergadura de Jean-Auguste Dominique Ingres, Hans Bellmer, Pablo Picasso, Dora Maar, René Magritte y Cindy Sherman atestiguan el panorama de diligente puesta en escena de estos clásicos de los siglos XIX y XX. El texto que sigue recoge algunas intuiciones sobre un tema que definitivamente enlaza a algunos de los artistas contemplados durante esta fructífera visita a la capital del arte: el desnudo femenino.

Habría que comenzar por El baño turco, la gran obra crepuscular del maestro del retrato francés decimonónico que, según Baudelaire, habla del libertinaje serio de las odaliscas . El artista explora el desnudo femenino como el objeto fantasmal de las mil y una variaciones en un ambiente de serrallo que reseña las tórridas orgías de las mil y una noches. Al igual que la traducción que hizo Galland de los relatos de Scherezada, la noche del serrallo está poblada por mil y una mujeres, o por una mujer capaz de ser todas las mujeres. Ya muy anciano, Ingres cierra su obra con esta fiesta visual que resume su idea múltiple de la mujer, protagonizada quizás por su versión de Scherezada: una citarista desnuda que da la espalda al espectador.

Norman Bryson y, más recientemente, Vincent Pomarède , consignan el idealismo fantasioso de los desnudos de Ingres. Se trata, según Pomarède, de desnudos abstractos , que buscan la representación a la vez concreta e idealizada del cuerpo humano en una difícil síntesis de voyerismo e intelectualismo,  (p. 176), fruto de su amor constante por la tradición clásica antigua. Según Bryson, la representación de los serrallos proviene de una rica tradición especulativa y fantasmagórica [francesa, que ha mostrado] mucho interés por el mundo secreto del serrallo, concebido como lugar de desarreglo  de la sexualidad normal  (occidental) donde la relación del varón con la hembra es o de omnipotencia (el sultán) o de impotencia (el eunuco) y donde (esto es de interés crucial) las mujeres son fascinantemente intercambiables,  (pp. 171-172). Esa intercambiabilidad formal se escuda tras la representación del desnudo de espaldas. De ahí, La bañista de Valpinçon, La Gran Odalisca y El baño turco de Ingres, cuyas espaldas femeninas cargan el peso casi insoportable de la irrepresentabilidad de la belleza.

Los desnudos de Ingres rechazan posturas anatómicamente precisas en beneficio de actitudes dictadas únicamente por la belleza plástica o por el dinamismo de la composición. Subrayan el gusto sensual por accesorios y vestimentas que producen una sinestesia pictórica: ver por oler, por ejemplo, o ver por tocar. Al igual que en los retratos políticos del joven Ingres donde el poder se deja sentir, la sensualidad de sus desnudos femeninos se siente, y ese sensualismo se propone como una estética, es decir, como una filosofía. Se trata de la conexión dieciochesca entre empirismo y epistemología, que valora los sentidos como primera vía de conocimiento, en oposición al racionalismo cartesiano. En los desnudos de Ingres, el colorismo subraya ese sensualismo cognoscente.

PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #15 DE ARTPREMIUM. PÁGINAS 79-84

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