| De la Editora
Estimados amigos lectores:
Lauder, Broad, Saatchi, Wynn, Black, Cohen, Pinault & todos ellos son tan conocidos como los grandes artistas contemporáneos de renombre. Su hegemonía controla el diapasón del mercado del arte y su soberanía se dedica a razonar sobre la carrera de los artistas notables. Los unos no pueden subsistir sin los otros. La carrera del artista florece al adquirir un alcance mundial al amparo de los museos y las fundaciones, mientras se desarrollan y se expanden paralelamente la madurez, el valor y ordenamiento de las colecciones presentadas en espacios privados que progresivamente se van transformando en espacios públicos con proyectos de exposición a escala mundial.
En los siglos XVI, XVII y XVIII, las grandes colecciones de arte pertenecían a los monarcas, y los flamantes soberanos hacían las veces de mecenas, usualmente de artistas locales, para así controlar el testimonio de su existencia y la memoria eterna de su poder.
Si observamos nuestra época, la historia nos parecerá un eterno retorno. Vivimos unos tiempos descarnados en los cuales los coleccionistas afirman su notorio poder sobre el mercado del arte en un momento en el cual el reconocimiento del mecanismo de la creación está en plena expansión. La acumulación de obras, la compra pantagruélica de centenares de obras de un mismo artista como, por ejemplo, la Fundación de Eli Broad, que acaba de adquirir más de 500 obras de Joseph Beuys hacen de estos pontífices del arte los nuevos soberanos, los mecenas de nuestro tiempo. Sus espacios públicos tienen las mismas funciones y objetivos que los museos nacionales, y sus fundaciones son más ricas que las que han existido en las últimas décadas. Los artistas más importantes son parte de su cortejo y del boato de sus fiestas en los cuatro confines del planeta.
No obstante, la diferencia con los soberanos del pasado es que los nuestros han adquirido, en breve tiempo, 500 años de historia y de conocimiento. Han desplazado los objetos usuales de inversión al convertir el arte en un instrumento financiero de menor riesgo y de mayor rendimiento y, al hacerlo, han hecho historia. Así como Francois Pinault, quien nos ha llenado de alegría, luego de nuestra entrevista exclusiva para esta edición, por la calidad homogénea e inteligente de su colección de arte contemporáneo.
Pero, ¿por qué esta atracción hacia la adquisición y exposición de obras de arte si no es por ganar ese dinero como medio para conquistar el poder & que de todos modos pueden obtener por otros medios o mediante la posesión de su lugar en la corte de los grandes, que ellos ya poseen?
¡Será que buscan el poder de la eternidad, que no se compra, sino que se abraza mediante la creación artística!
¡Que disfrute esta edición!
Corinne Timsit |