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Tufiño exploró en secreto y con toda libertad expresiva y autonomía creativa, el lenguaje de la abstracción y sus cualidades. .
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Hacia una reconsideración de Rafael Tufiño (Tefo) icono del pueblo Tras el desvelo de un número importante de sus obras abstractas, realizadas a través de su carrera desde los años 40, el maestro Rafael Tufiño tiene que ser reevaluado. Sus cuadros expresionistas abstractos, además de ilustrar su gran capacidad como dibujante y colorista, ilustran su interior y su sensibilidad. En entrevista descubrimos el ser humano tras el mito, el original y único Tefo, para su público de hoy, mañana y siempre. Su producción artística conocida, la cual se planteó en la exposición retrospectiva en el Museo de Barrio en Nueva York en el 2003, incluyó muy poca obra enteramente abstracta. Se despliega su talento con el color, la luz y la forma, en obras realizadas en un estilo figurativo “expresionista social” que ilustraba la cara del Puerto Rico de mediados de siglo XX. La abstracción fue repelida por los de su generación, quienes se dedicaron a crear conciencia de las condiciones de la isla y ser puente de comunicación entre el pueblo y las fuerzas industrializadoras que parecían invadirla. La muestra de su obra abstracta, hecha marginalmente, implica una reedición de nuestra historia del arte contemporáneo, de la cual este artista es parte. Su inclusión, de seguro ha de plantear interesantes interrogantes y reconsideraciones que enriquecerán sus anales y darán paso a importantes discusiones sobre historiografía, etnografía y cultura. Se presenta la posibilidad (o pretexto) de llevar a cabo la tan postergada investigación profunda y detallada de la historia del arte contemporáneo puertorriqueño, para poder incluir este gran descubrimiento y de una vez añadir los grandes logros que se han gestado y logrado desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Se podría decir que ahora se descubre un secreto de la generación de los años 50, un dato que enriquece más aún la concepción tradicional romántica que se tiene sobre su historia y sobre el estándar que creó y promovió. Se revela, más allá de la agenda idealista que caracteriza esa generación, las profundas y honestas preocupaciones que tenía, tanto como artistas y como seres humanos. Su estatus de “primera escuela de artistas puertorriqueños” representó una gran responsabilidad puesto que ellos sabían que serían el modelo comparativo que heredarían los futuros artistas locales. Ellos fueron el vehículo mediante el cual se gestó el desarrollo de las primeras instituciones académicas de arte en la isla. Su obra reflejó el análisis de nuestra relegada autonomía cultural. Ellos también comenzaron el proceso de investigación y ensamblaje de nuestra historia del arte, inaugurada con Campeche en el siglo XIX.
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