|
Untitled Document
|

Rivera tiene una capacidad sumamente aguda para seleccionar arte contemporáneo de vanguardia y para presentar artistas contemporáneos de muy buena calidad y sofisticada creatividad.

|
Galería Raices: recinto de Arte Contemporáneo
POR MABEL RODRÍGUEZ
Al inquirir sobre la trayectoria de esta galería, encontramos el camino paralelo de un artista en ciernes. Mientras habla de su galería, el experimentado galerista Carlos Rivera deja entrever que, luego de 26 años sirviendo al arte, a los artistas y al público local, su futuro se inclina hacia su transformación en artista contemporáneo.
Lo inesperado a menudo nos sorprende. De tal manera, una conversación con el galerista Carlos Rivera, dueño de la Galería Raíces desvela y remueve expectativas recurrentes. La propuesta de su galería contrasta con las de las más corrientes que con demasiada frecuencia van dirigidas casi sin excusa al lucro. Rivera revela con sencillez la motivación de su labor que está firmemente fundamentada en el amor por las artes y la pasión creativa. Es con esa sencillez que ha enfrentado exitosamente los fuertes embates mercantiles que arropan el mundo del arte y que, según el crítico Robert Hughes, se deben a la gran liquidez de la riqueza de las últimas décadas del siglo XX.
“No me conceptúo un vendedor, sino un amante del buen arte, del arte contemporáneo, y aun más, de la vanguardia. Aquí se presentan performances, videos, fotografías, dibujos, pinturas e instalaciones. No utilizo la fórmula comercial de la mayoría de las galerías. Creo que hay que exhibir el trabajo y, si alguien quiere comprar, comprará”. Sus 26 años dirigiendo a Raíces atestiguan esta declaración. A través de varias transformaciones, Raíces ha ido reflejando cada vez más su visión y pasión creativa, aunque al principio, en diciembre del 1978, el propósito primordial fuera exhibir la propia obra de Rivera quien en ese tiempo se formaba como artista.
Contrario a algunas galerías que comenzaron como talleres de enmarcados, la Galería Raíces tuvo que ampliar sus operaciones para incluir el enmarcado, lo que suplía fondos para la operación de la Galería. El joven Rivera pronto encontró otros artistas –comenzando con María Emilia Somoza en el 1979– que como él, aunque querían vender su obra, más que nada querían exponerla. Según relata Rivera, a finales de los ochenta se suscitó un periodo de cambio importante cuando comenzó a trascender el énfasis en el arte y abrieron más galerías. Aun así, recuerda que se mantenía más o menos la misma tónica a través de todas las galerías. “Marozzini a veces era un poco más atrevido”. A lo largo de los años su recinto acogió, como lo hacían otras galerías, a reconocidos artistas del patio, como Rafael Tufiño, Myrna Báez y el grabador Torres Martinó, entre otros. Poco a poco, sus esfuerzos por desarrollarse como artista pasaron a un plano inferior, y el galerista Rivera se concentró en su galería, en su taller y, más recientemente, en trabajar en el montaje de exhibiciones de artistas en museos. Indica por ejemplo que en el 2000, cuando se hicieron las tres exhibiciones de Pepón Osorio, estuvo a cargo del montaje en los tres museos involucrados.
PARA LEER ESTE ARTICULO CONSIGA LA EDICIÓN #9 DE ARTPREMIUM.
PÁGINAS 24-28
|
Untitled Document
|